Maximus Festival 2016: Con el metal en las venas.

Rammstein, Marilyn Manson, Disturbed, BFMV, Halestorm, Hellyeah...

Unas 25 mil personas fueron las que presenciaron la primera edición argentina del Maximus Festival, el pasado sábado 10 de Septiembre en Ciudad del Rock. Detalles más, detalles menos, en esta crónica vamos a ver el porqué hay organizaciones que merecen un aplauso.

Desde las 12:30 (con una puntualidad de reloj suizo) el escenario Thunderdome se encargó de hacer desfilar sobre sus tablas lo mejor de las apuestas locales a nivel metal alternativo.Arsénica, Solar, Bloodparade (nuestros mejores exponentes industrialoides), Asspera (más que recomendado metal bizarro) y Raven Eye, los únicos no coterráneos (nacidos en Inglaterra), se fueron turnando uno a uno para ir poniéndole pimienta a una jornada que aún tenía varias horas por delante.

Quizá lo único criticable en este lado del ring fue el acotado tiempo que se le brindó a cada banda para que demuestre lo mejor de su repertorio. Pero en cuestión sonido, desde el minuto cero todo fue impecable.

Los escenarios Rockatansky y Maximus no se hicieron esperar y lentamente también fueron sumándose al encuentro, con presentaciones que no se podían pasar por alto. Steve´n´Seagulls (los “granjeros” finlandeses que la rompen haciendo covers countrys y bluegrass de íconos como AC/DC), Hollywood Undead (los californianos que llegaron un poco tarde al Nü Metal con máscaras) y Shinedown fueron un poco las sorpresas por estas pampas, ya que son nombres no muy tanteados en nuestro mercado.

Maximus Festival 2016: Con el metal en las venas.

Rammstein, Marilyn Manson, Disturbed, BFMV, Halestorm, Hellyeah...

Unas 25 mil personas fueron las que presenciaron la primera edición argentina del Maximus Festival, el pasado sábado 10 de Septiembre en Ciudad del Rock. Detalles más, detalles menos, en esta crónica vamos a ver el porqué hay organizaciones que merecen un aplauso.

Desde las 12:30 (con una puntualidad de reloj suizo) el escenario Thunderdome se encargó de hacer desfilar sobre sus tablas lo mejor de las apuestas locales a nivel metal alternativo.Arsénica, Solar, Bloodparade (nuestros mejores exponentes industrialoides), Asspera (más que recomendado metal bizarro) y Raven Eye, los únicos no coterráneos (nacidos en Inglaterra), se fueron turnando uno a uno para ir poniéndole pimienta a una jornada que aún tenía varias horas por delante.

Quizá lo único criticable en este lado del ring fue el acotado tiempo que se le brindó a cada banda para que demuestre lo mejor de su repertorio. Pero en cuestión sonido, desde el minuto cero todo fue impecable.

Los escenarios Rockatansky y Maximus no se hicieron esperar y lentamente también fueron sumándose al encuentro, con presentaciones que no se podían pasar por alto. Steve´n´Seagulls (los “granjeros” finlandeses que la rompen haciendo covers countrys y bluegrass de íconos como AC/DC), Hollywood Undead (los californianos que llegaron un poco tarde al Nü Metal con máscaras) y Shinedown fueron un poco las sorpresas por estas pampas, ya que son nombres no muy tanteados en nuestro mercado.

Maximus Festival 2016: Con el metal en las venas.

Rammstein, Marilyn Manson, Disturbed, BFMV, Halestorm, Hellyeah...

Unas 25 mil personas fueron las que presenciaron la primera edición argentina del Maximus Festival, el pasado sábado 10 de Septiembre en Ciudad del Rock. Detalles más, detalles menos, en esta crónica vamos a ver el porqué hay organizaciones que merecen un aplauso.

Desde las 12:30 (con una puntualidad de reloj suizo) el escenario Thunderdome se encargó de hacer desfilar sobre sus tablas lo mejor de las apuestas locales a nivel metal alternativo.Arsénica, Solar, Bloodparade (nuestros mejores exponentes industrialoides), Asspera (más que recomendado metal bizarro) y Raven Eye, los únicos no coterráneos (nacidos en Inglaterra), se fueron turnando uno a uno para ir poniéndole pimienta a una jornada que aún tenía varias horas por delante.

Quizá lo único criticable en este lado del ring fue el acotado tiempo que se le brindó a cada banda para que demuestre lo mejor de su repertorio. Pero en cuestión sonido, desde el minuto cero todo fue impecable.

Los escenarios Rockatansky y Maximus no se hicieron esperar y lentamente también fueron sumándose al encuentro, con presentaciones que no se podían pasar por alto. Steve´n´Seagulls (los “granjeros” finlandeses que la rompen haciendo covers countrys y bluegrass de íconos como AC/DC), Hollywood Undead (los californianos que llegaron un poco tarde al Nü Metal con máscaras) y Shinedown fueron un poco las sorpresas por estas pampas, ya que son nombres no muy tanteados en nuestro mercado.

Salvando el volumen un tanto bajo (todo estaba dado como para hacer sangrar los tímpanos), sus setlist dejaron a más de uno con ganas de conseguir sus discografías.

 

Al momento en que Hellyeah enchufó sus instrumentos, todo el público comenzó a explotar progresivamente. Los liderados por Vinnie Paul Abbott, ex Pantera, repasaron lo más destacado de su discografía (temas como “Demons In The Dirt”, “Human” y “Hellyeah”), pasando por alto su reciente placa ‘Unden!able’, prometiendo volver el año entrante para presentarla. Cabe destacar la labor en clave de arenga que propone su frontman Chad Gray (aunque el chiste del baño de sangre ya me aburra un poco). El ex Mudvayne grita y matiza su voz como si se tratase de un piano rebelde. Un todoterreno vocal.

 

Me gustaría aclarar que los muchachos de Black Stone Cherry siempre me parecieron un clon algo menos inspirado de Nickelback. Su hard rock edulcorado nunca terminó de entrarme, en cada repetición que la marketinera MTV me proponía. Pero en vivo tienen una chispa extra que los hace verse como unos Airbourne adolescentes, aunque más delicados y menos estrambóticos. Sumaron un punto a mi alicaída sensación que tenía sobre ellos. Si hasta se dieron el lujo de cerrar con una versión (obviamente mucho más light) de “Ace Of Spades” de Motörhead.

Pese a la electricidad que emanaban los brazos del baterista Arejay Hale, su actuación será recordada por haber querido gritar Buenos Aires y terminar nombrando otra ciudad. Lo cierto es que más allá del exabrupto, Halestorm fue una de las sorpresas más gratas del evento. Su bella cantante Lzzy no solo mantuvo a la mayoría del público masculino con los ojos desorbitados, sino que su garganta hipnotizó en cantos angelicales sobre bases de rock sucio y revoltoso. “Mz. Hyde”  y “I Miss The Misery” fueron fiel prueba de que los oriundos de Pensilvania tienen un enorme futuro.

 

“¿What's up, motherfuckers?”. Así se abría camino sobre las tablas Matt Tuck. Hay que aclarar que Bullet For My Valentine ya no es esa gran promesa que hace algunos años vimos salir de Gales. Hace un largo tiempo que es una realidad contundente. Sus discos fueron creciendo cada vez más, aunque en vivo su efusividad fue mermando. Y eso mismo se sintió esta vez sobre ellos. Lejos de la mediocridad, pero en una senda demasiado monótona, la noche empezó a delirar en aplausos y gritos de fanáticos que corearon cada palabra de “No Way Out” y “Skin”.  Sin salir de su zona de confort, interpretaron serenamente “The Last Fight”,  hasta llegar a la odiosa y enojada “Scream, Aim, Fire”, para ir cerrando con “Tears Don't Fall” y “Waking The Demon”. Aunque relajados por demás, el sonido fue ideal como para que sus acérrimos seguidores quedaran exhaustos de tanto pogo.

Salvando el volumen un tanto bajo (todo estaba dado como para hacer sangrar los tímpanos), sus setlist dejaron a más de uno con ganas de conseguir sus discografías.

 

Al momento en que Hellyeah enchufó sus instrumentos, todo el público comenzó a explotar progresivamente. Los liderados por Vinnie Paul Abbott, ex Pantera, repasaron lo más destacado de su discografía (temas como “Demons In The Dirt”, “Human” y “Hellyeah”), pasando por alto su reciente placa ‘Unden!able’, prometiendo volver el año entrante para presentarla. Cabe destacar la labor en clave de arenga que propone su frontman Chad Gray (aunque el chiste del baño de sangre ya me aburra un poco). El ex Mudvayne grita y matiza su voz como si se tratase de un piano rebelde. Un todoterreno vocal.

 

Me gustaría aclarar que los muchachos de Black Stone Cherry siempre me parecieron un clon algo menos inspirado de Nickelback. Su hard rock edulcorado nunca terminó de entrarme, en cada repetición que la marketinera MTV me proponía. Pero en vivo tienen una chispa extra que los hace verse como unos Airbourne adolescentes, aunque más delicados y menos estrambóticos. Sumaron un punto a mi alicaída sensación que tenía sobre ellos. Si hasta se dieron el lujo de cerrar con una versión (obviamente mucho más light) de “Ace Of Spades” de Motörhead.

Pese a la electricidad que emanaban los brazos del baterista Arejay Hale, su actuación será recordada por haber querido gritar Buenos Aires y terminar nombrando otra ciudad. Lo cierto es que más allá del exabrupto, Halestorm fue una de las sorpresas más gratas del evento. Su bella cantante Lzzy no solo mantuvo a la mayoría del público masculino con los ojos desorbitados, sino que su garganta hipnotizó en cantos angelicales sobre bases de rock sucio y revoltoso. “Mz. Hyde”  y “I Miss The Misery” fueron fiel prueba de que los oriundos de Pensilvania tienen un enorme futuro.

 

“¿What's up, motherfuckers?”. Así se abría camino sobre las tablas Matt Tuck. Hay que aclarar que Bullet For My Valentine ya no es esa gran promesa que hace algunos años vimos salir de Gales. Hace un largo tiempo que es una realidad contundente. Sus discos fueron creciendo cada vez más, aunque en vivo su efusividad fue mermando. Y eso mismo se sintió esta vez sobre ellos. Lejos de la mediocridad, pero en una senda demasiado monótona, la noche empezó a delirar en aplausos y gritos de fanáticos que corearon cada palabra de “No Way Out” y “Skin”.  Sin salir de su zona de confort, interpretaron serenamente “The Last Fight”,  hasta llegar a la odiosa y enojada “Scream, Aim, Fire”, para ir cerrando con “Tears Don't Fall” y “Waking The Demon”. Aunque relajados por demás, el sonido fue ideal como para que sus acérrimos seguidores quedaran exhaustos de tanto pogo.

Salvando el volumen un tanto bajo (todo estaba dado como para hacer sangrar los tímpanos), sus setlist dejaron a más de uno con ganas de conseguir sus discografías.

 

Al momento en que Hellyeah enchufó sus instrumentos, todo el público comenzó a explotar progresivamente. Los liderados por Vinnie Paul Abbott, ex Pantera, repasaron lo más destacado de su discografía (temas como “Demons In The Dirt”, “Human” y “Hellyeah”), pasando por alto su reciente placa ‘Unden!able’, prometiendo volver el año entrante para presentarla. Cabe destacar la labor en clave de arenga que propone su frontman Chad Gray (aunque el chiste del baño de sangre ya me aburra un poco). El ex Mudvayne grita y matiza su voz como si se tratase de un piano rebelde. Un todoterreno vocal.

 

Me gustaría aclarar que los muchachos de Black Stone Cherry siempre me parecieron un clon algo menos inspirado de Nickelback. Su hard rock edulcorado nunca terminó de entrarme, en cada repetición que la marketinera MTV me proponía. Pero en vivo tienen una chispa extra que los hace verse como unos Airbourne adolescentes, aunque más delicados y menos estrambóticos. Sumaron un punto a mi alicaída sensación que tenía sobre ellos. Si hasta se dieron el lujo de cerrar con una versión (obviamente mucho más light) de “Ace Of Spades” de Motörhead.

Pese a la electricidad que emanaban los brazos del baterista Arejay Hale, su actuación será recordada por haber querido gritar Buenos Aires y terminar nombrando otra ciudad. Lo cierto es que más allá del exabrupto, Halestorm fue una de las sorpresas más gratas del evento. Su bella cantante Lzzy no solo mantuvo a la mayoría del público masculino con los ojos desorbitados, sino que su garganta hipnotizó en cantos angelicales sobre bases de rock sucio y revoltoso. “Mz. Hyde”  y “I Miss The Misery” fueron fiel prueba de que los oriundos de Pensilvania tienen un enorme futuro.

 

“¿What's up, motherfuckers?”. Así se abría camino sobre las tablas Matt Tuck. Hay que aclarar que Bullet For My Valentine ya no es esa gran promesa que hace algunos años vimos salir de Gales. Hace un largo tiempo que es una realidad contundente. Sus discos fueron creciendo cada vez más, aunque en vivo su efusividad fue mermando. Y eso mismo se sintió esta vez sobre ellos. Lejos de la mediocridad, pero en una senda demasiado monótona, la noche empezó a delirar en aplausos y gritos de fanáticos que corearon cada palabra de “No Way Out” y “Skin”.  Sin salir de su zona de confort, interpretaron serenamente “The Last Fight”,  hasta llegar a la odiosa y enojada “Scream, Aim, Fire”, para ir cerrando con “Tears Don't Fall” y “Waking The Demon”. Aunque relajados por demás, el sonido fue ideal como para que sus acérrimos seguidores quedaran exhaustos de tanto pogo.

 

Minutos antes de las 19h todos sabíamos que quedaban los tres platos fuertes. El primero de ellos sería Disturbed. Los liderados por el calvo David Dramian (el cual fue despedido al ritmo del cantito: “Peladooo, peladooo”) armaron una jugada que en los papeles parecería no resultar, ¡pero vaya si terminó funcionando! Pese a contar con seis placas de estudio, decidieron incluir nada menos que cuatro covers a su ya conocido arsenal de hits (“The Game”, “Liberate”, “Stupify” e “Indestructible”). Así es que reversionaron a U2 (“I Still Haven't Found What I'm Looking For”), a The Who (“Baba O´Riley”), destrozaron todo con “Killing In The Name” de Rage Against The Machine e hicieron llorar a más de uno con “Sound Of Silence” de Simon And Garfunkel. Al grito de “mis hermanos, mis hermanas, mi sangre, todos somos Disturbed”, los norteamericanos se marcharon sin reproche alguno.

 

Mis expectativas previas al show de Marilyn Manson eran muy bajas. Pese a que su último disco (‘The Pale Emperor’, 2015) le dio un respiro a su casi derrumbada carrera, su anterior visita a nuestro país había dejando como saldo uno de los peores shows internacionales de todos los tiempos (durante el Maquinaria Fest del 2012).

 

No sería justo decir que su set fue otro bochorno, pero lejos estuvo de ser el mejor de la jornada. Siempre respaldado en todo ese acting donde quema biblias en vivo o estrella sus micrófonos contra el suelo, el Sacerdote se despachó con lo más recordado de su faena. Obras como “Sweet Dreams”, “mOBSCENE” y el archi clásico “The Beatiful People” se llevaron la irreprochable ovación de los presentes, que supieron reconocerle el haberse vuelto a poner de pie. Aún falta mucho para que vuelva a ser el de antes, pero por lo visto el sábado, va por el buen camino.

 

Minutos antes de las 19h todos sabíamos que quedaban los tres platos fuertes. El primero de ellos sería Disturbed. Los liderados por el calvo David Dramian (el cual fue despedido al ritmo del cantito: “Peladooo, peladooo”) armaron una jugada que en los papeles parecería no resultar, ¡pero vaya si terminó funcionando! Pese a contar con seis placas de estudio, decidieron incluir nada menos que cuatro covers a su ya conocido arsenal de hits (“The Game”, “Liberate”, “Stupify” e “Indestructible”). Así es que reversionaron a U2 (“I Still Haven't Found What I'm Looking For”), a The Who (“Baba O´Riley”), destrozaron todo con “Killing In The Name” de Rage Against The Machine e hicieron llorar a más de uno con “Sound Of Silence” de Simon And Garfunkel. Al grito de “mis hermanos, mis hermanas, mi sangre, todos somos Disturbed”, los norteamericanos se marcharon sin reproche alguno.

 

Mis expectativas previas al show de Marilyn Manson eran muy bajas. Pese a que su último disco (‘The Pale Emperor’, 2015) le dio un respiro a su casi derrumbada carrera, su anterior visita a nuestro país había dejando como saldo uno de los peores shows internacionales de todos los tiempos (durante el Maquinaria Fest del 2012).

 

No sería justo decir que su set fue otro bochorno, pero lejos estuvo de ser el mejor de la jornada. Siempre respaldado en todo ese acting donde quema biblias en vivo o estrella sus micrófonos contra el suelo, el Sacerdote se despachó con lo más recordado de su faena. Obras como “Sweet Dreams”, “mOBSCENE” y el archi clásico “The Beatiful People” se llevaron la irreprochable ovación de los presentes, que supieron reconocerle el haberse vuelto a poner de pie. Aún falta mucho para que vuelva a ser el de antes, pero por lo visto el sábado, va por el buen camino.

 

Minutos antes de las 19h todos sabíamos que quedaban los tres platos fuertes. El primero de ellos sería Disturbed. Los liderados por el calvo David Dramian (el cual fue despedido al ritmo del cantito: “Peladooo, peladooo”) armaron una jugada que en los papeles parecería no resultar, ¡pero vaya si terminó funcionando! Pese a contar con seis placas de estudio, decidieron incluir nada menos que cuatro covers a su ya conocido arsenal de hits (“The Game”, “Liberate”, “Stupify” e “Indestructible”). Así es que reversionaron a U2 (“I Still Haven't Found What I'm Looking For”), a The Who (“Baba O´Riley”), destrozaron todo con “Killing In The Name” de Rage Against The Machine e hicieron llorar a más de uno con “Sound Of Silence” de Simon And Garfunkel. Al grito de “mis hermanos, mis hermanas, mi sangre, todos somos Disturbed”, los norteamericanos se marcharon sin reproche alguno.

 

Mis expectativas previas al show de Marilyn Manson eran muy bajas. Pese a que su último disco (‘The Pale Emperor’, 2015) le dio un respiro a su casi derrumbada carrera, su anterior visita a nuestro país había dejando como saldo uno de los peores shows internacionales de todos los tiempos (durante el Maquinaria Fest del 2012).

 

No sería justo decir que su set fue otro bochorno, pero lejos estuvo de ser el mejor de la jornada. Siempre respaldado en todo ese acting donde quema biblias en vivo o estrella sus micrófonos contra el suelo, el Sacerdote se despachó con lo más recordado de su faena. Obras como “Sweet Dreams”, “mOBSCENE” y el archi clásico “The Beatiful People” se llevaron la irreprochable ovación de los presentes, que supieron reconocerle el haberse vuelto a poner de pie. Aún falta mucho para que vuelva a ser el de antes, pero por lo visto el sábado, va por el buen camino.

Creo que todo aquello que Pink Floyd inventó, Kiss redobló y Slipknot explotó, Rammstein supo llevarlo al nivel de mayor éxtasis y locura posible. Me refiero a la puesta en escena. Un arte que muchos olvidan sobre las tablas, ellos la transforman en el que quizá sea el mejor show actuado del rock actual. Desde los lanzallamas que se ajustan a los rostros, hasta los simulacros de inmolaciones (todo calculado con suma destreza) dibujan un paisaje de apocalipsis infernal, donde el fuego casi que le roba el papel principal a las canciones. Allí donde Till Lindemann berrea sobre la música de “Reise Reise”, gritonea la letra de “Du Hast” y parte su voz en “Amerika”, todo se torna un inframundo espectacular. Los fuegos artificiales no dejan de estallar y la sangre no parece dejar de chorrear. “Te Quiero Puta” (por obvias razones) es el momento más festejado de la noche. La marea roja y encendida sonreía macabramente por haber cerrado uno de los eventos del año.

Sin queja alguna, lo de los alemanes fue sincera perfección. En tiempos donde los grandes organizadores no saben respetar horarios, eliminan grupos de las grillas sin previo aviso o cobran por una botella de agua lo mismo que cuesta un Ferrari, es meritorio felicitar a los encargados de haber pergeñado dicha primera edición del Maximus Festival en Argentina, donde todo fue a pedir de boca. Se tomó como premisa el priorizar al espectador y eso será lo que los lleve a ganar cada vez más adeptos en siguientes años. Precios razonables, horarios cumplidos a rajatabla y una grilla de bandas primermundista. No hay razones para pedir más. Sencillamente, gracias. ►►►

Creo que todo aquello que Pink Floyd inventó, Kiss redobló y Slipknot explotó, Rammstein supo llevarlo al nivel de mayor éxtasis y locura posible. Me refiero a la puesta en escena. Un arte que muchos olvidan sobre las tablas, ellos la transforman en el que quizá sea el mejor show actuado del rock actual. Desde los lanzallamas que se ajustan a los rostros, hasta los simulacros de inmolaciones (todo calculado con suma destreza) dibujan un paisaje de apocalipsis infernal, donde el fuego casi que le roba el papel principal a las canciones. Allí donde Till Lindemann berrea sobre la música de “Reise Reise”, gritonea la letra de “Du Hast” y parte su voz en “Amerika”, todo se torna un inframundo espectacular. Los fuegos artificiales no dejan de estallar y la sangre no parece dejar de chorrear. “Te Quiero Puta” (por obvias razones) es el momento más festejado de la noche. La marea roja y encendida sonreía macabramente por haber cerrado uno de los eventos del año.

Sin queja alguna, lo de los alemanes fue sincera perfección. En tiempos donde los grandes organizadores no saben respetar horarios, eliminan grupos de las grillas sin previo aviso o cobran por una botella de agua lo mismo que cuesta un Ferrari, es meritorio felicitar a los encargados de haber pergeñado dicha primera edición del Maximus Festival en Argentina, donde todo fue a pedir de boca. Se tomó como premisa el priorizar al espectador y eso será lo que los lleve a ganar cada vez más adeptos en siguientes años. Precios razonables, horarios cumplidos a rajatabla y una grilla de bandas primermundista. No hay razones para pedir más. Sencillamente, gracias. ►►►

Creo que todo aquello que Pink Floyd inventó, Kiss redobló y Slipknot explotó, Rammstein supo llevarlo al nivel de mayor éxtasis y locura posible. Me refiero a la puesta en escena. Un arte que muchos olvidan sobre las tablas, ellos la transforman en el que quizá sea el mejor show actuado del rock actual. Desde los lanzallamas que se ajustan a los rostros, hasta los simulacros de inmolaciones (todo calculado con suma destreza) dibujan un paisaje de apocalipsis infernal, donde el fuego casi que le roba el papel principal a las canciones. Allí donde Till Lindemann berrea sobre la música de “Reise Reise”, gritonea la letra de “Du Hast” y parte su voz en “Amerika”, todo se torna un inframundo espectacular. Los fuegos artificiales no dejan de estallar y la sangre no parece dejar de chorrear. “Te Quiero Puta” (por obvias razones) es el momento más festejado de la noche. La marea roja y encendida sonreía macabramente por haber cerrado uno de los eventos del año.

Sin queja alguna, lo de los alemanes fue sincera perfección. En tiempos donde los grandes organizadores no saben respetar horarios, eliminan grupos de las grillas sin previo aviso o cobran por una botella de agua lo mismo que cuesta un Ferrari, es meritorio felicitar a los encargados de haber pergeñado dicha primera edición del Maximus Festival en Argentina, donde todo fue a pedir de boca. Se tomó como premisa el priorizar al espectador y eso será lo que los lleve a ganar cada vez más adeptos en siguientes años. Precios razonables, horarios cumplidos a rajatabla y una grilla de bandas primermundista. No hay razones para pedir más. Sencillamente, gracias. ►►►