Europe: Reyes rockeando en el frente de batalla

En un Teatro Gran Rex a localidades agotadas, el quinteto más longevo del rock sueco lanzó todo su arsenal musical, para un público argentino que no solo le vitoreó los clásicos de antaño, sino que le festejó con suma admiración su más reciente material de estudio.

Y es que la gira trae como excusa la presentación de ‘War Of Kings’, aquel plástico lanzado en 2015 y que aún les ha dado mucha tela para cortar, sencillamente porque consta de un álbum sólido, de canciones con un aguerrido contenido y melodías que por momentos casi que encandilan a aquellos viejos hits de los 80’s.

 

Tras el acto apertura del majestuoso Daniel Telis (para los que aún no lo conocen, por lo menos regálense un momento de escucharlo en internet), puntual salen al escenario estos cinco jinetes que ya llevan casi 40 años rockeando para la audiencia. En su tercera visita al país, es la canción que le da título a su último disco la que da comienzo a una velada de esas que quedarán guardadas para siempre en el subconsciente. Con tan solo un telón de fondo con la inscripción Europe (podrían esmerarse un poco más), es el juego de luces quien le pone mística y parafernalia a los primeros momentos de la noche. 

Suena “Rock The Night” y Joey Tempest se pasea de punta a punta del escenario, regalando lo mejor de su faceta como frontman. Saluda a todos (hasta a los empleados de seguridad), sonríe sin censura, invita a todos a cantar y hasta se anima a unas palabras en español (las cuales sí estuvieron sobreactuadas y las repitió hasta el cansancio). La guitarra de Norum suena tan cristalina, que los riffs entran directo al cerebro. Sí hubo algunos momentos en que los teclados de Mic Michaeli tapaban los demás instrumentos. Pero suele usarse como arma para suplir falencias. Cierto o no, fueron contadas las veces que nos tocó vivir el exabrupto. Joey es de esos tipos carismáticos que desde que ponen el primer pie sobre las tablas, se mete a los espectadores en el bolsillo, y no solo por esa garganta prodigiosa que todos le conocemos, sino por el manejo de los tiempos. Por los guiños de ojos a las señoritas, por los abrazos con sus laderos, por los ligeros bailes que amaga. Todo en él es digno de un aplauso.

Europe: Reyes rockeando en el frente de batalla

En un Teatro Gran Rex a localidades agotadas, el quinteto más longevo del rock sueco lanzó todo su arsenal musical, para un público argentino que no solo le vitoreó los clásicos de antaño, sino que le festejó con suma admiración su más reciente material de estudio.

Y es que la gira trae como excusa la presentación de ‘War Of Kings’, aquel plástico lanzado en 2015 y que aún les ha dado mucha tela para cortar, sencillamente porque consta de un álbum sólido, de canciones con un aguerrido contenido y melodías que por momentos casi que encandilan a aquellos viejos hits de los 80’s.

 

Tras el acto apertura del majestuoso Daniel Telis (para los que aún no lo conocen, por lo menos regálense un momento de escucharlo en internet), puntual salen al escenario estos cinco jinetes que ya llevan casi 40 años rockeando para la audiencia. En su tercera visita al país, es la canción que le da título a su último disco la que da comienzo a una velada de esas que quedarán guardadas para siempre en el subconsciente. Con tan solo un telón de fondo con la inscripción Europe (podrían esmerarse un poco más), es el juego de luces quien le pone mística y parafernalia a los primeros momentos de la noche. 

Suena “Rock The Night” y Joey Tempest se pasea de punta a punta del escenario, regalando lo mejor de su faceta como frontman. Saluda a todos (hasta a los empleados de seguridad), sonríe sin censura, invita a todos a cantar y hasta se anima a unas palabras en español (las cuales sí estuvieron sobreactuadas y las repitió hasta el cansancio). La guitarra de Norum suena tan cristalina, que los riffs entran directo al cerebro. Sí hubo algunos momentos en que los teclados de Mic Michaeli tapaban los demás instrumentos. Pero suele usarse como arma para suplir falencias. Cierto o no, fueron contadas las veces que nos tocó vivir el exabrupto. Joey es de esos tipos carismáticos que desde que ponen el primer pie sobre las tablas, se mete a los espectadores en el bolsillo, y no solo por esa garganta prodigiosa que todos le conocemos, sino por el manejo de los tiempos. Por los guiños de ojos a las señoritas, por los abrazos con sus laderos, por los ligeros bailes que amaga. Todo en él es digno de un aplauso.

Europe: Reyes rockeando en el frente de batalla

En un Teatro Gran Rex a localidades agotadas, el quinteto más longevo del rock sueco lanzó todo su arsenal musical, para un público argentino que no solo le vitoreó los clásicos de antaño, sino que le festejó con suma admiración su más reciente material de estudio.

Y es que la gira trae como excusa la presentación de ‘War Of Kings’, aquel plástico lanzado en 2015 y que aún les ha dado mucha tela para cortar, sencillamente porque consta de un álbum sólido, de canciones con un aguerrido contenido y melodías que por momentos casi que encandilan a aquellos viejos hits de los 80’s.

 

Tras el acto apertura del majestuoso Daniel Telis (para los que aún no lo conocen, por lo menos regálense un momento de escucharlo en internet), puntual salen al escenario estos cinco jinetes que ya llevan casi 40 años rockeando para la audiencia. En su tercera visita al país, es la canción que le da título a su último disco la que da comienzo a una velada de esas que quedarán guardadas para siempre en el subconsciente. Con tan solo un telón de fondo con la inscripción Europe (podrían esmerarse un poco más), es el juego de luces quien le pone mística y parafernalia a los primeros momentos de la noche. 

Suena “Rock The Night” y Joey Tempest se pasea de punta a punta del escenario, regalando lo mejor de su faceta como frontman. Saluda a todos (hasta a los empleados de seguridad), sonríe sin censura, invita a todos a cantar y hasta se anima a unas palabras en español (las cuales sí estuvieron sobreactuadas y las repitió hasta el cansancio). La guitarra de Norum suena tan cristalina, que los riffs entran directo al cerebro. Sí hubo algunos momentos en que los teclados de Mic Michaeli tapaban los demás instrumentos. Pero suele usarse como arma para suplir falencias. Cierto o no, fueron contadas las veces que nos tocó vivir el exabrupto. Joey es de esos tipos carismáticos que desde que ponen el primer pie sobre las tablas, se mete a los espectadores en el bolsillo, y no solo por esa garganta prodigiosa que todos le conocemos, sino por el manejo de los tiempos. Por los guiños de ojos a las señoritas, por los abrazos con sus laderos, por los ligeros bailes que amaga. Todo en él es digno de un aplauso.

“Carrie” obliga a que las féminas entren en trance. Aquel viejo bombazo radial que hizo estragos en 1985, nos hace caer en cuenta de que ya no existe aquel bello ritual de alzar los encendedores y su pequeña llamarada, ante una sagrada balada. Ahora la tecnología suplió todo eso, robándole mucho folclore, y son los celulares en alto los que predominan. Ni mencionar cuando en “Vasastan” Norum encuentra su espacio para el lucimiento, en un solo que haría sentir orgulloso al mismísimo Jimi Hendrix. Hordas incansables de cámaras fotográficas captando el momento, en una situación que desde abajo termina por incomodar. Pero habrá que adaptarse.

 

Casi llegando al final “Nothin' to Ya” demuestra por qué a pesar de aquel lapso de descanso que tuvieron entre el 92’ y el 03’, la chispa nunca se perdió. Hard Rock en su más puro estado. En épocas en donde todo suena tan plástico y las bandas abusan de los ProTools, estos veteranos del rock deciden tirarnos sus pergaminos en el rostro. Tanto así que hasta le ofrecen su momento de la noche a Ian Haugland, para que vaya dando las campanadas finales, en un solo de batería muy aplaudido.

 

“Quédense tranquilos, que tenemos Europe para rato”. Con esta declaración, Tempest nos invita a que los 3.200 presentes entonemos junto a él su himno. Aquella pieza que los puso en el mapa, en el radar del mundo entero: “The Final Countdown”. Con dicho broche de oro se despiden, entre el llanto de alguna señora mayor que cumplió su sueño y las sonrisas de los jóvenes que mamaron de su escuela, de cara a sus propias metas rockeras. Ellos cinco, que al día de hoy dan fe de que con trabajo y talento se pueden hacer realidad todos los sueños del mundo. ►►►

“Carrie” obliga a que las féminas entren en trance. Aquel viejo bombazo radial que hizo estragos en 1985, nos hace caer en cuenta de que ya no existe aquel bello ritual de alzar los encendedores y su pequeña llamarada, ante una sagrada balada. Ahora la tecnología suplió todo eso, robándole mucho folclore, y son los celulares en alto los que predominan. Ni mencionar cuando en “Vasastan” Norum encuentra su espacio para el lucimiento, en un solo que haría sentir orgulloso al mismísimo Jimi Hendrix. Hordas incansables de cámaras fotográficas captando el momento, en una situación que desde abajo termina por incomodar. Pero habrá que adaptarse.

 

Casi llegando al final “Nothin' to Ya” demuestra por qué a pesar de aquel lapso de descanso que tuvieron entre el 92’ y el 03’, la chispa nunca se perdió. Hard Rock en su más puro estado. En épocas en donde todo suena tan plástico y las bandas abusan de los ProTools, estos veteranos del rock deciden tirarnos sus pergaminos en el rostro. Tanto así que hasta le ofrecen su momento de la noche a Ian Haugland, para que vaya dando las campanadas finales, en un solo de batería muy aplaudido.

 

“Quédense tranquilos, que tenemos Europe para rato”. Con esta declaración, Tempest nos invita a que los 3.200 presentes entonemos junto a él su himno. Aquella pieza que los puso en el mapa, en el radar del mundo entero: “The Final Countdown”. Con dicho broche de oro se despiden, entre el llanto de alguna señora mayor que cumplió su sueño y las sonrisas de los jóvenes que mamaron de su escuela, de cara a sus propias metas rockeras. Ellos cinco, que al día de hoy dan fe de que con trabajo y talento se pueden hacer realidad todos los sueños del mundo. ►►►

“Carrie” obliga a que las féminas entren en trance. Aquel viejo bombazo radial que hizo estragos en 1985, nos hace caer en cuenta de que ya no existe aquel bello ritual de alzar los encendedores y su pequeña llamarada, ante una sagrada balada. Ahora la tecnología suplió todo eso, robándole mucho folclore, y son los celulares en alto los que predominan. Ni mencionar cuando en “Vasastan” Norum encuentra su espacio para el lucimiento, en un solo que haría sentir orgulloso al mismísimo Jimi Hendrix. Hordas incansables de cámaras fotográficas captando el momento, en una situación que desde abajo termina por incomodar. Pero habrá que adaptarse.

 

Casi llegando al final “Nothin' to Ya” demuestra por qué a pesar de aquel lapso de descanso que tuvieron entre el 92’ y el 03’, la chispa nunca se perdió. Hard Rock en su más puro estado. En épocas en donde todo suena tan plástico y las bandas abusan de los ProTools, estos veteranos del rock deciden tirarnos sus pergaminos en el rostro. Tanto así que hasta le ofrecen su momento de la noche a Ian Haugland, para que vaya dando las campanadas finales, en un solo de batería muy aplaudido.

 

“Quédense tranquilos, que tenemos Europe para rato”. Con esta declaración, Tempest nos invita a que los 3.200 presentes entonemos junto a él su himno. Aquella pieza que los puso en el mapa, en el radar del mundo entero: “The Final Countdown”. Con dicho broche de oro se despiden, entre el llanto de alguna señora mayor que cumplió su sueño y las sonrisas de los jóvenes que mamaron de su escuela, de cara a sus propias metas rockeras. Ellos cinco, que al día de hoy dan fe de que con trabajo y talento se pueden hacer realidad todos los sueños del mundo. ►►►